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FRASES ANCESTRALES INOLVIDABLES

 


Por: Héctor Camacho Aular/Imagen cortesía de losproverbios.com

En la primera mitad del siglo pasado, nuestros queridos  abuelos tenían la original costumbre de darnos, con frecuencia, sabios consejos provenientes de luminosas frases heredadas  de sus antepasados. Quien no recuerda, por ejemplo, a la dinámica abuela cuando nos daba, como desayuno, una arepa caliente bien grande, rellena con carne molida y queso recién salida del budare,  acompañada del infaltable café, ocasión que la aprovechaba para aconsejarnos, en voz alta, al decirnos: Dios tarda pero no olvida, Has bien y no mires a quién, No hagas a otro lo que a ti no quieres que te hagan, No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, A los mayores con respeto y cortesía, entre las más recordadas. 

Mientras tanto, nuestro venerado  abuelo, justo a la media tarde, llamaba a sus mimados nietos para conversar con ellos y darles a conocer también  de su sabio repertorio, las inolvidables máximas: Lo que no se dice no se sabe, Con la vara que midas serás medido, Una mano lava a la otra y las dos la cara, Lo cortés no quita lo valiente, No sean luz de la calle y oscuridad de la casa, El que madruga coge agua clara, Arrieros somos y en el camino andamos, Las palabras necias se las lleva el viento, Lo que está a la vista no necesita anteojos, A buen entendedor pocas palabras, Ojos que no ven corazón que no siente, y muchas otras más.

Ya entrada la noche, aquellos abuelos tenían la costumbre de sacar sus sillas de cuero a la entrada de sus casas para sentarse a “coger fresco” ocasión que aprovechaban  para llamar a sus mimados nietos, para contarles animados cuentos y, de paso, darles a conocer innovadoras frases ejemplarizantes, tales como: El que habla mucho dice poco, Se acuerdan de Santa Bárbara solo cuando truena, Cuando el río suena piedras trae, A caballo “regalao” no se le mira el colmillo, En boca cerrada no entran moscas, Muchas manos en un sancocho ponen el caldo “morao”, Tranquilo piojo que la noche es larga, Donde espantan hay que pasar rezando, Los trapos sucios se lavan en casa, No solo del pan vive el hombre, Agua que no has de beber déjala correr, entre las más citadas.

   ¡Qué hermosos momentos  vividos en esa escuela de aprendizaje ancestral!


 

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