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La Celac marca el camino para una mayor integración de Latinoamérica y el Caribe


EFE/foto referencial

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) expuso en la Declaración de Kingstown, publicada este domingo, varias medidas que se necesitan tomar para lograr una mayor integración y desarrollo regional, como una cooperación sanitaria o la necesidad de más conexiones aéreas o proyectos energéticos entre países, en un proceso en el que este organismo buscará jugar un papel fundamental.

«Nos comprometemos a fortalecer y mejorar el papel de la Celac como mecanismo para la integración política en América Latina y el Caribe y para el diálogo con socios extrarregionales y otros actores globales clave», subrayó la declaración final aprobada durante la VIII cumbre de San Vicente y las Granadinas, celebrada el pasado viernes.

Así, entre los pasos a seguir para lograr una mayor integración regional, el documento aprobado por los 33 Estados miembros expuso, entre otros aspectos logísticos, «la importancia de promover la ampliación de oportunidades en los servicios aéreos en la región de América Latina y el Caribe, con miras a fortalecer la conectividad aérea regional».

También subrayaron la necesidad de «promover la conectividad regional a través del desarrollo de proyectos de infraestructura regional para la integración energética», algo que puede contribuir al desarrollo económico de estos países al aprovechar los diferentes recursos energéticos disponibles.

Otro de los aspectos clave expuestos en la declaración, y que la pandemia del coronavirus no hizo más que remarcar, fue la urgencia de «fortalecer el desarrollo, la producción y la distribución local y regional de vacunas, medicamentos, insumos críticos y la transferencia de tecnología para complementar el apoyo efectivo a la innovación, la investigación y el desarrollo tecnológico».

En este sentido, el documento celebró que se siga evaluando la posibilidad de establecer una agencia reguladora regional que contribuya a la integración a través de una mayor cooperación en regulación sanitaria, algo que permitirá a los países miembros de la Celac un mejor acceso a «medicamentos y dispositivos médicos seguros, eficaces y de calidad».

Además, en el aspecto académico, se remarcó la importancia de poder contar con un marco de reconocimiento de titulaciones entre los Estados miembros.

Desarrollo de América Latina y el Caribe

Esta cooperación regional ansía, según la Declaración de Kingstown, «enriquecer la vida y el bienestar» de los pueblos de América Latina y el Caribe mediante la superación de la inestabilidad económica, la lucha contra la corrupción y la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones, especialmente la pobreza extrema.

En la búsqueda de la seguridad alimentaria, la Celac subrayó que sus países destacan como productores y exportadores de alimentos, por lo que es necesario aprovecharlo con un mayor comercio y cooperación.

También enfatizó la necesidad de contar con un «sistema financiero internacional más justo, más democrático, inclusivo y solidario que permita a los países en desarrollo, incluidos los miembros de la Celac, acceder a los recursos financieros necesarios en condiciones justas, equitativas, favorables y transparentes, incluidos mecanismos de reestructuración de la deuda y acceso a financiación en condiciones favorables».

Aunque muchos miembros de la Celac han sido con frecuencia muy críticos con el llamado Norte, en general en referencia a Estados Unidos y los países europeos, el texto aprobado reconoció sin embargo «el importante papel de la cooperación Sur-Sur y la cooperación triangular como complemento y no como sustituto de la cooperación Norte-Sur, como instrumentos estratégicos complementarios» para avanzar en los objetivos de desarrollo.

La Celac, eso sí, no olvidó «el sufrimiento inimaginable infligido a millones de hombres, mujeres y niños como resultado de la trata transatlántica de esclavos africanos, la esclavitud, el genocidio nativo» en la región, mostrando la necesidad de implementar un plan para reparar esas injusticias y su pleno apoyo a la Declaración de Durban.

«En particular el reconocimiento de que la esclavitud y la trata de esclavos, que incluye la trata transatlántica de esclavos, son tragedias atroces en la historia de la humanidad, no sólo por su abominable barbarie, pero también por su magnitud y carácter organizado y, especialmente, por su negación de la naturaleza esencial de las víctimas, subrayando que la esclavitud y la trata de esclavos constituyen un crimen contra la humanidad, lo que resulta en un legado de trauma intergeneracional, racismo y subdesarrollo», remarcó.

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