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El País: Los “traidores” que hablaban al oído de Nicolás Maduro


Nicolás Maduro en Caracas, en 2023. LEONARDO FERNANDEZ VILORIA (REUTERS)

 

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En 2018 todo empezó a ponerse peor para Nicolás Maduro. Fue otro año como este 2024, en el que tocaba hacer elecciones presidenciales en Venezuela y los votos se le escapaban. El líder chavista decidió convocar anticipadamente los comicios; eliminó cualquier competencia que amenazara con sacarlo del poder echando mano de inhabilitaciones de candidatos y otras maniobras judiciales ya conocidas; y entró en arenas movedizas donde su legitimidad se fracturó. Ese año la comunidad internacional se cruzó de brazos en señal de desaprobación a su reelección considerada viciada. Se rompieron relaciones, se degradaron embajadores a encargados de negocios.


FLORANTONIA SINGER

El presidente llegó a ese 2018, el final del primer período como sustituto sobrevenido a la muerte del comandante eterno de la revolución Hugo Chávez, después de resistir meses de intensas jornadas de protestas que sus fuerzas de seguridad reprimieron con una violencia y hoy la Corte Penal Internacional investiga como posibles crímenes de lesa humanidad. Atravesó el incendio de la hiperinflación, la brutal escasez de alimentos y medicinas y los primeros picos de migración masiva de venezolanos. Pero esta semana Maduro ha rebobinado el casette de ese año y ha encontrado algo mucho más grave que ocurrió ese año sin levantar sospechas: la traición estaba hablándole al oído en cada consejo de ministros.

El mandatario ha confesado en televisión que desde enero de ese 2018 en que todo comenzó a complicarse aún más, conspiraba en su contra Tareck El Aissami, el alfil que él mismo puso a su lado como su vicepresidente por año y medio. No solo era el segundo a bordo, sino a quien le encomendó la tarea todavía pendiente de recomponer la economía y librar la cruzada contra la inflación, generada por los controles en la economía impuestos desde tiempos de Hugo Chávez —del cual ambos se dicen hijos—, en la que intentaron desde perseguir los ceros que iba acumulando el bolívar en su indetenible devaluación hasta finalmente admitir la circulación libre del dólar que aseguraban que era el enemigo a pulverizar y terminó adoptando el seudónimo de REF —de referencia—, la abreviatura con la que hoy se indican todos los precios en Venezuela, detrás de la que se esconde el temor de los tiempos cuando hablar de dólares era delito.

Maduro ha comenzado a mover piezas en el rompecabezas que desde hace varias semanas ha estado revelando el fiscal Tarek William Saab en ruedas de prensa que hacen las veces de episodios de una trama cada vez más enrevesada, a la que ha llamado PDVSA Cripto y en la que se perdieron 21.000 millones de dólares de la nación, producto de la venta de petróleo en el mercado negro sin que nadie lo notara entonces. La madeja de este hilo comenzó a jalarse un año atrás. El Aissami, como ministro de Petróleo, renunció a su cargo mientras detenían a otros funcionarios y desapareció del mapa sin dar mayores explicaciones. Hace unas semanas dio señales de vida: el fiscal Saab difundió fotos de uno de los hombres más poderosos del Gobierno esposado entrando a tribunales.

No se sabe en qué circunstancias lo detuvieron ni cómo. Luego de ocupar casi todos los cargos en la revolución y de ser un superministro ahora lleva el título de traidor. En las últimas revelaciones que el fiscal siempre hace al mediodía, terminaron juntos en una misma conspiración, aparentemente gestada por videollamadas de Zoom, señalados de ser testaferros del chavismo, como el empresario Samark López, identificado ahora por Maduro como mano derecha de quien fue su mano derecha en 2018, y opositores acérrimos a su Gobierno como Julio Borges y Leopoldo López, unidos en el exilio y en las órdenes de captura y extradición que les han dictado esta semana, pero enfrentados políticamente entre sí desde hace más de una década.

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